domingo, 15 de noviembre de 2015

La música no mata, hace política

Al fin va a decir la verdad el que escribe los diarios.

La música es una de las tantas ramas del arte, y el arte es una manifestación de la cultura, por lo tanto siempre está condicionado por los contextos que va atravesando. El arte siempre está comprometido con los ideales y esperanzas de los pueblos. En nuestro país, el arte y puntualmente la música siempre han sido parte influyente de las manifestaciones políticas. Así que decir que la música no es política es, por lo menos, muy polémico. Cada uno tiene su libre opinión pero hay cosas que son innegables. Yo me abrazo a la música como herramienta de transformación de los pueblos, igual que la política. El descreído e ignorante político es quien termina siempre entorpeciendo las transformaciones, porque su soberbia lo lleva a creer que él es el mejor y que nada ni nadie tiene la capacidad de trasformar de un modo que lo conforte.
Pero volviendo al arte, este se da distinto en cada sitio según las exigencias de los pueblos, las necesidades de los mismos. Pongamos un ejemplo claro de público conocimiento para nosotros:
"No habrá que pagar después las deudas de no sé quién", Otro Viento Mejor, Callejeros.
¿Eso no es hacer política? ¿Acaso eso no representa, en parte, la estatización de la deuda privada que, sin que el pueblo en general sepa de quién era esa deuda, la estamos pagando todos?
Aquí va otro ejemplo:
"Fijate de qué lado de la mecha te encontrás. Con tanto humo el bello y fiero fuego no se ve", Queso Ruso, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.
¿Eso no significa nada para usted? ¿Ese humo no son los medios?
Cada uno reflexionará como quiera, pero es innegable el hecho. La música no mata, hace política. La transformación cultural la hacemos también los artistas.

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