sábado, 21 de enero de 2017

A poner

Cuando todo parece jodido es cuando hay que poner...

Cada vez que me enfrío me dan más ganas de exteriorizar, pero tengo una inhibición muy grande, y es conmigo mismo. No me dejo verme mal. No lo aguanto. Prefiero tener esa sensación de encierro en el pecho que verme mal. Hacer como si nada. Prefiero así que, no, no duele menos, pero miro para otro lado. Al menos desde ese lado. Pero le estoy poniendo garra y corazón para cagarme de risa igual que hace tres días. Es que para mi no cambió demasiado. Lo que me pasaba hace tres días me sigue pasando. Lo que sentía hace tres días lo sigo sintiendo, pero anexo a eso aparece una decepción grande como el Obelisco y un enojo nunca antes sentido. Es una gran gran cagada. No sabía que podía pegarme tanto. Igual, firme y con la frente en alto. La cabeza tranquila. La conciencia impoluta. A pelearla. A poner.

viernes, 20 de enero de 2017

Veredas

Difícil darse cuenta de qué lado se agarra el puñal...

Otra vez. Otra vez le pongo fichas al color equivocado. Otra vez juego rojo y sale negro. Otra vez me siento descolocado. Es una sensación distinta, igual. Se da de una manera que me fue ajena siempre. ¿Cómo hacés para confiar después de que a quien le confiaste tus más oscuros rincones demuestre que le da lo mismo tener tu confianza o no? En una situación muy incómoda. Pero por otro lado, tiene lógica. A mi solo se me ocurre querer hacer un asado con diez pesos. Al final González Fraga tenía razón. Me hicieron creer que mi cariño medio de humano medio servía para tener una compañía para el mate, la birra y el amor.
Hoy amanecí raro y tiene sentido. Quise llorar varias veces pero no tengo los huevos suficientes para estar triste y caretearla con el resto. No me puedo dar el lujo de estar mal. Es un riesgo muy grande. Tengo que mantener la cabeza fría, la mente atenta y el corazón callado. Es momento de hacerme cargo de mi. Perdí mucho tiempo haciéndome cargo de cosas que no llevaron a ninguna parte. Basta de perder el tiempo. Basta. Y eso que lo hablé. En un momento dado le dije "si no sabés qué hacer, hacela corta. No me hagas perder el tiempo". Después desarrollé la idea, me explayé y le fui muy claro. Por supuesto que también le entró por un oído y le salió por el otro.
Tengo tantos nudos en el estómago como poros en la piel. La de cosas que quisiera decir. Cómo me golpeaste, negrita. No me lo merecía. Esta vez sí que no me lo merecía. ¿Qué te llevó a eso? ¿No era más fácil hablarlo antes? Si sabías que conmigo podías hablar de prácticamente cualquier cosa. Pero la vida es un partido de fútbol, y se gana con goles, traducidos a buenas decisiones. No con merecimientos. Ahora ya está. A levantar la cabeza y caminar. A jugar a estar bárbaro. A simular que no hay problemas. A vivir.
Y bueno, día uno y estoy entero. No hay con qué darle, cuando no tenés los ovarios para querer como se quiere cuando se quiere tanto que te hace doler.