Desde el cielo me guían sus ojos a donde voy.
Era hace cinco años. Yo me levantaba y me desayunaba una noticia que cambiaría mi forma de ver las cosas. Cambiaría la perspectiva de todos nosotros. Él se había ido, él no estaba más. En las calles silencio. En las casas dolor. Las preguntas sobraban. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Así, sin más?. Todos nos encontramos en una misma situación. Aquel que supo traernos esperanza, dignidad y algo por qué luchar se nos estaba escapando. Los niños y las niñas no entendían mucho. Los padres y las madres lloraban mucho. Los abuelos y abuelas lloraban más. Esas eran las imágenes que podíamos ver. La plaza una vez más llena de gente. Esta vez, abrazándose entre todos para sentir menos el dolor. Más preguntas, surgían. Éstas sí tenían respuestas. ¿Puede tu mirada ser mi guía? Sí, puede. La mía y la de todos.
Hoy, cinco años más tarde, él está. Él camina al lado nuestro. Él agita con nosotros. Él no se fue, lo llevamos en el corazón. Él vive en el Pueblo que hoy, cinco años más tarde, lo abraza como si no hubiese un mañana, sabiendo que justamente, gracias a él, hay un mañana. Muchas gracias, Lupín. Muchas gracias, Pingüino. Muchas gracias, Néstor.
Era hace cinco años. Yo me levantaba y me desayunaba una noticia que cambiaría mi forma de ver las cosas. Cambiaría la perspectiva de todos nosotros. Él se había ido, él no estaba más. En las calles silencio. En las casas dolor. Las preguntas sobraban. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Así, sin más?. Todos nos encontramos en una misma situación. Aquel que supo traernos esperanza, dignidad y algo por qué luchar se nos estaba escapando. Los niños y las niñas no entendían mucho. Los padres y las madres lloraban mucho. Los abuelos y abuelas lloraban más. Esas eran las imágenes que podíamos ver. La plaza una vez más llena de gente. Esta vez, abrazándose entre todos para sentir menos el dolor. Más preguntas, surgían. Éstas sí tenían respuestas. ¿Puede tu mirada ser mi guía? Sí, puede. La mía y la de todos.
Hoy, cinco años más tarde, él está. Él camina al lado nuestro. Él agita con nosotros. Él no se fue, lo llevamos en el corazón. Él vive en el Pueblo que hoy, cinco años más tarde, lo abraza como si no hubiese un mañana, sabiendo que justamente, gracias a él, hay un mañana. Muchas gracias, Lupín. Muchas gracias, Pingüino. Muchas gracias, Néstor.
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